lunes, 3 de diciembre de 2012

La escuela y sus lógicas de poder



(Ensayo sobre las lógicas educativas que priman en la escuela. Realizado para el ramo "reflexión de práctica educativa" en la UAH)



Una clase de 39 chicos completamente silenciosos, es tema para película de terror. Si nuestros muchachos permanecen inmóviles como estatuas, y zombificados con los ojos fijos en la pizarra por más de 45 minutos, debiésemos a lo menos preocuparnos, por mucho el discurso de la disciplina promueva el silencio y el orden. Cuando hablamos de manejo de grupo, se tiende a pensar que un profesor debiese ser capaz de mantener la atención de su clase sin interrupciones, por eso a nadie extraña que cuando el profesor hace una pregunta, y los chicos hablan todos al mismo tiempo para dar su opinión, la orden militar que resuena en la sala sea: ¡silencio! Así, sin más. Pero si se les pregunta algo, y no responden hay quejas. Se acostumbra a dar órdenes cruzadas y contradictorias, se avala la ley marcial dentro de las aulas y prima la incapacidad de explicar a los chicos por qué se les pide una cosa u otra. Consecuencia de ello es que cada vez que el profesor les quita la vista de encima a sus alumnos dos segundos, la clase se transforma en algo muy similar a un concierto de rock repleto de fans eufóricos que solo a punta de amenazas (anotaciones, suspensiones, etc.) es posible devolver a la calma.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Del porqué soy una fama y no un cronopio


(Ensayo con tono de cuento escrito en el 2010, que para mi sorpresa tiene más de algún admirador en la red. Editado)

Dedicado al cronopio Cortázar,
Y a la cronopio que hizo nacer este  ensayo con tono de cuento.


Tú eres una fama y yo soy un cronopio, me dijo de pronto y sin motivo alguno, una cronopio azul hace dos años. Como yo en ese momento no tenía la más mínima idea de lo que ella quería decir, se lo pregunte. Ella arrugo un poco la nariz y sin voltear siquiera, respondió: lee el libro[1]. Su respuesta, podrán pensar, fue mucho más cercana a la de una fama que a la de un cronopio, pero no se equivoquen, ella es un cronopio no una fama. Una cronopio absoluta, demasiado cronopio incluso para su gusto, pero se conforma porque es lo que hacen los cronopios y es feliz con eso, y no se queja. Es más, a ella le gusta gritar por ahí que es un cronopio y no le  importa que los demás no entiendan o no hayan leído el libro. Cuando eso pasa, ella se detiene, arruga la nariz un poquito y responde compaciente: Cronopio, cronopio, cronopio.

sábado, 1 de diciembre de 2012